BOGOTÁ SECRETA

A dónde van las basuras

La Calle visitó el Relleno Sanitario Doña Juana, en Ciudad Bolívar, donde cada día se reciben seis mil toneladas de nuestros residuos.
A pocos metros, miles de personas sufren las consecuencias de su proximidad con este vecino indeseable.

Posiblemente nunca te hayas preguntado adónde fue a parar el envoltorio de aquel chocolate o la cáscara de huevo del omelette del jueves pasado; pero como muchas cosas en la vida, esto tiene una respuesta. En la zona sur de la ciudad y con una extensión de 465 hectáreas, se emplaza el Relleno Sanitario Doña Juana, que desde hace veinte años se encarga de “almacenar” los residuos que los bogotanos desechamos cada día. Allá entre caminos de tierra decenas de camiones descargan simultáneamente sus residuos en la zona adecuada. Lo visitamos en camioneta con una ingeniera. sin embargo, otro tour llamó nuestra atención: se trata del que nos llevó por los barrios lindantes y las inquietudes de quienes allí habitan.IMG_6041_web.jpg

Del relleno sanitario al “relleno social”

Mochuelo Alto es una comunidad semi-rural en las adyacencias del relleno, aquí unas 720 familias viven su día a día a metros de montañas de basura. ¿Cómo se traduce esto? A simple vista, las moscas se apoderan del lugar, los niños sufren infecciones en la piel y demás. Ah, el olor no se puede disimular…
Muchos residentes guardan una ira profunda. “Los niños están con problemas respiratorios, hongos, toses... Nos están robando nuestro medio ambiente, y ¿qué hemos obtenido? Nada,” dice Consuelo Muñoz, 47, la dueña de un restaurante, cuya propia hija tiene hongos en la cara a causa del relleno. Nativa de Mochuelo, Muñoz lamenta la llegada del relleno en los años ochenta. “Existió primero la vereda Mochuelo. Era muy hermosa: con unas 30 casas. Luego llegaron los barrios, y posteriormente el relleno. Y ahí empezó todo nuestro problema.”

Jorge Bello, un campesino a quien encontramos cargando su caballo junto a su cuñado, tiene 92 años y hace 82 que vive en Mochuelo. Comenzó trabajando en los campos de un antiguo propietario del lugar. “Aquí antes crecía de todo, ahora la tierra no sirve para nada”, nos cuenta. Reclama que la contaminación a las que están expuestas sus tierras hace que las aguas se estén secando. “Ya he perdido cuatro millones en cultivos que fracasan”, lamenta Jorge (ver foto). Al mismo tiempo, parecen resignados a la permanencia de Doña Juana. “El barrio organizaba contra el relleno, cuenta, pero a partir de la falta de resultados ya no,” cuenta Muñoz. El relleno ahora prefiere negociar con unos líderes comunitario, con el fin de poder más fácilmente conseguir acuerdos.IMG_6091_Jorge Bello y su cuñado_web.jpg

Estos acuerdos parecen haber producido unos resultados para Mochuelo. Por un convenio, el 50% de los trabajadores no-calificados deben provenir de esta comunidad. Proactiva Doña Juana S.A. -autodenominados el “corazón de Doña Juana”-, tiene diversas propuestas para mejorar la diezmada calidad de vida de estos pobladores, con una inversión social que supera los 12 mil millones de pesos (sí, sí, leiste bien). Entre los proyectos, se encuentran transporte a todos los barrios afectados desde las 5am hasta las 8pm y la construcción de escuelas en la zona, y la organización de festivales como el Día de los Disfraces.

Sin embargo, muchos residentes no perciben la inversión. Piden un hospital y aceso al relleno para reciclar las basuras allá, y -sobre todo- el cierre del relleno. Pero Doña Juana va en el sentido opuesto: con la compra de varias fincas a su alrededor, ha dejado a varios campesinos sin trabajo. “O venden o venden,” dice Muñoz, “Prácticamente quedamos como unos desplazados más.”

Hace cuatro años, la Alcaldía sí se comprometió con un cierre, pero cambió de idea. Con la llegada de Samuel Moreno, sólo hubo una pequeña buena noticia: “Fumigaron el relleno porque él iba a venir. Nunca vino, pero al menos no hubo moscas durante casi dos semanas”, nos contó una residente. Los residentes de los Mochuelos, afiligidos por el relleno para más de dos décadas, no se quieren ir de su comunidad. Quieren que la ciudad –no sólo la Alcaldía sino los ciudadanos- reconozcan su deuda ecológica que sus basuras han creado. “Qué suerte que se preocupan por nosotros”, dice Consuelo Muñoz. “Aquí nunca viene nadie a ver cómo estamos.”

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Febrero-Marzo

Alfonso Virachacá - 2_web.jpg

Blanca Bautista - La verdad.yo casi no como fruta_web.jpg

Los recicladores toman las fotos

Sujetos frecuentes de la fotografía, unos recicladores decidieron tomar control de la tecnología. Los resultados son no sólo una muestra artística, sino una afirmación de su humanidad.


“Yo llegue con un poquito de miedo,” cuenta Carmen Calonge, que dirigió una serie de talleres de fotografía con recicladores, “Miedo de cómo iba a ser recibida, de estar bien frente a ellos. Pero ya después hablando con ellos descubrimos que el miedo era recíproco. Siempre les había tomado fotos, y les había robado las imágenes.”Con el proceso, que fue organizado por la Asociación Cooperativa de Recicladores de Bogotá durante dos años, los recicladores se convirtieron en dueños de la fotografía para confrontar el desprecio y el desconocimiento.

“La imagen que tienen los demás de la sociedad es que el reciclador es una persona desorganizada, cruel, que vive en un mundo de basura,” dice Calonge, que había dictado talleres con otras poblaciones estigmatizadas, incluyendo niñas violadas. “Lo crucial era mostrar que los recicladores tienen comunidades como cualquier persona. De 10 personas que han visto las fotos, siete me han dicho, “¿Los recicladores tienen familia?”



Blanca Bautista - A mi me encantó esa foto, porque casi nadie pudo saber que era_web.jpg“Claro, hubo un escepticismo inicial. Los recicladores no habían sacado fotos antes, y muchos de ellos nos se creían capaces de utilizar una cámara digital con tantos comandos. Pero al fin toman unas fotografías impactantes, y decían que 'qué rico que pueda hacerlo y que alguien las valore'.”

"Mis amigos me han dicho,
“¿Los recicladores tienen familia?”"

En los talleres, se les ofrecieron conocimientos conceptuales, luego vino la parte práctica, en donde ellos tomaron prestadas las cámaras, y fueron a sus comunidades o barrios a captar imágenes. Concluye Calonge, “Hubo un redescubrimiento muy sensible de la cotidianidad de la ciudad.”

Lea la nota completa, con las mejores fotos de los recicladores en la edición febrero-marzo de LA CALLE.