...en la calle dormia aún menos."
Guillermo Salgar era diseñador gráfico, pero su habilidad se fue debilitando sin explicación. Sólo después de una década pasando por hogares psiquiátricos, descubrieron que sufría de trastorno bipolar. Cuenta cómo sigue adelante a pesar de su enfermedad.
Pensabamos que en La Calle nunca más volveríamos a ver a Guillermo, quien nunca había dejado de saludarnos y agradecernos por la oportunidad de vender la revista. Llevaba más de un mes sin aparecer. Y luego, a finales de enero, vino –más elegante que nunca–, y listo para vender de nuevo.
Tal desaparición no fue sino otro evento inesperado en su vida llena de obstáculos pero también de fortaleza. “Yo era dibujante, hacía diseño gráfico por mi cuenta para litografías, tipografías, agencias de publicidad”, dice con una aparente nostalgia. “Luego, a los treinta y cinco años, me enfermé, y empecé andar de psiquiátrico en psiquiátrico. Primero estuve un año, después ocho meses, seis meses”.“Tengo recuerdos tristes de las estadías. Son duras: el psiquiátrico es lo que antes llamaban el manicomio. Lo inyectan a uno sin que uno quiera, lo amarran. Y sólo fue de después de diez años cuando descubrieron la enfermedad que tenía ya que la estadía fue de un mes”.
Otras personas tal vez se sentirían enfadadas por pasar diez años sin diagnóstico correcto, con tanto tiempo viendo su humanidad violada. En cambio, Guillermo muestra una increíble comprehensión. “Los psiquiátricos no tienen la culpa. Las enfermedades mentales son muy difíciles de descubrir, como que a uno no le duele nada y todo está en la mente. Entonces lo que hacen es probar drogas: le dan una droga, y si ésta no funciona le dan otra”.
De hecho, su confianza en los médicos parece mayor que la de sus amigos. “Que por qué no iba para un brujo, me decían”, recuerda. “Y yo les contestaba, 'No, no creo en ellos. Yo creo en los médicos que se han quemado las pestañas día y noche estudiando'. Los brujos son simplemente empíricos”.
Guillermo nació en Medellín en 1954, pero salió con su madre a los quince años, primero para Bogotá. “Ella era una aventurera”, cuenta “Por eso estábamos en desacuerdo siempre, porque yo no soy de los que dicen que nadie es profeta en su tierra”. De Bogotá, su mamá lo llevó para Caracas, “Yo no quería irme, pero mi mujer y mi hermana prácticamente me montaron en el avión”.
No obstante, Caracas le cayó bien. “Es mucho mejor que Bogotá. Tiene un clima paradisíaco. Y este metro de Caracas sí es un medio de transporte masivo, no como el Transmilenio de acá ¡que es un bus!”.
Luego se enfermó, y pasó por psiquiátricos en Caracas antes de volverse para Bogotá en el 2000. “Me tocaba vivir en la calle. Dormía en cualquier espacio que veía: donde me agarraba el sueño, pues allí me acostaba”.
Guillermo no recuerda su enfermedad como dolorosa. "Me sentía bien, muy poderoso. Si esto es la locura, yo hubiera querido quedarme loco. Sin embargo, quería controlar a todos mis amigos, y ellos se daban cuenta de que yo estaba enfermo. Hasta que un día me encontré con un compañero, que me recomendó un lugar chévere en la Jiménez. Ahora sólo duermo una hora al día, pero en la calle era mucho peor, y ni podía pensar”.
Hoy, a los cincuenta y tres años, Guillermo dice que se siente tranquilo. “Me tomo seis pastillas al día, y así puedo pasar años sin entrar en el psiquiátrico. Todo el mundo asocia la enfermedad mental –asi sean los nervios– con la locura. Y a los locos todo el mundo quiere tenerlos lejos. Pero no hay por qué tener miedo de uno, más a sabiendas de que uno tiene un tratamiento”. “He vendido bien la revista, y ahora vivo en una pensión en la Calle 19. Pero quiero salirme de allá y conseguirme una habitación independiente, así sea para mí sólo o compartida con un compañero”.
Además de la tranquilidad mental, es la familia lo que sigue inspirando a Guillermo. Tiene tres hijos y una hija, Sandra Milena, con quien está en constante contacto. “Nos vemos los sábados aquí en el centro en un café, y todos los días hablamos por teléfono”. Concluye bajito, “Con esto, y gracias a Dios, considero que no todo fue en vano”.
La habilidad artística de Guillermo se vee en este cuadro que pintó durante un taller de arte en la Fundación.
¿Qué es el trastorno bipolar?
El trastorno bipolar consiste en una serie de fluctuaciones de ánimo, de la depresión a una elevada felicidad. La enfermedad no tiene cura, sino que se maneja a través de medicinas y psicoterapia. Algunos estudios asocian el trastorno bipolar con la creatividad. Entre las personas que han sufrido del trastorno bipolar se encuentran el músico Kurt Cobain, el artista de “El grito”, Edvard Munch, y tal vez la humanitaria Florence Nightingale.